Lengua Castellana y Literatura

Irene García Muñoz

Análisis morfosintáctico redactado 26 abril 2011

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“Confiaba en que te hubiera dado a ti algo para que se lo guardaras aquella noche tan misteriosa”


Nos encontramos ante una oración compuesta, enunciativa y afirmativa según la actitud del hablante; activa, predicativa e intransitiva según la naturaleza del enunciado. Es necesario indicar que el sintagma nominal en función de sujeto está omitido, siendo el pronombre personal “yo”. El núcleo del sintagma verbal, que actúa como predicado verbal, es “confiaba”. Este verbo, por su significado, precisa de un complemento de régimen, que es la construcción preposicional “en que te hubiera dado a ti algo para que se lo guardaras aquella noche tan misteriosa”. Este sintagma preposicional comienza por la preposición “en”, que funciona como enlace, y su término es la proposición subordinada sustantiva “que te hubiera dado a ti algo para que se lo guardaras aquella noche tan misteriosa”.

Esta subordinada es activa, predicativa y transitiva según el dictum; y tiene también el sintagma nominal en función de sujeto omitido, que es el pronombre personal “él” o “ella”. El núcleo de este sintagma verbal, en función de predicado verbal, es el verbo “hubiera dado”. También encontramos en este nivel un sintagma nominal que actúa como complemento indirecto: “te”, que morfológicamente sería un pronombre personal. Como hemos visto, cuando un complemento indirecto aparece al inicio de la oración, se duplica. El otro indirecto es la construcción preposicional “a ti”, formada por una preposición en función de enlace, “a”, y un sintagma nominal en función de término, que es el pronombre personal “ti”. También descubrimos un sintagma nominal en función de complemento directo, “algo”, cuyo núcleo es este pronombre indefinido. Al final de este nivel podemos observar una proposición subordinada adverbial final, en función de complemento circunstancial de finalidad.

Esta proposición es activa, predicativa y transitiva, según la naturaleza del predicado; y tiene, como las anteriores, el sintagma nominal en función de sujeto omitido, siendo el pronombre personal “tú”. Dentro del sintagma verbal en función de predicado verbal, cuyo núcleo es la forma verbal “guardaras”, encontramos un sintagma nominal en función de complemento indirecto, siendo su núcleo el pronombre personal “se”; otro sintagma nominal, en este caso en función de complemento directo, cuyo núcleo es el pronombre personal “lo”; y un último sintagma nominal, que actúa como complemento circunstancial de tiempo. Dentro de este diferenciamos un adjetivo demostrativo en función de determinante, “aquella”; un sustantivo que actúa como núcleo del sintagma, “noche”; y un sintagma adjetival en función de adyacente. Por último, este sintagma está formado por un adverbio de cantidad en función de adyacente, “tan”, y una adjetivo calificativo, que actúa como núcleo, “misteriosa”.

 

Los santos inocentes 4 abril 2011

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Años sesenta y España, peor, Extremadura. Paco y Régula junto a sus cuatro hijos se esfuerzan por sobrevivir, trabajando en el cortijo del señorito Iván, déspota y arquetipo de todos aquellos terratenientes, sobrevivientes del Antiguo Régimen que florecieron en la dictadura. Muestra de cómo se puede vivir sin dignidad, y con sonrisa en la boca. Crítica demoledora de la sociedad de la época, en la que parece que solo el retrasado Azarías mantiene su orgullo e instintos, solo él es capaz de hacer frente a Iván, porque él es el único que no entiende de jerarquías, solo de grajas y milanas. Curioso final en el que, por una vez, no sentimos con tanta lástima una muerte violenta.

 

¿Qué fue de España después de 1939? España fue Franco. ¿Qué fue Franco? Lista de datos, muertos, desparecidos, sumisión, pantanos… Pero sobre todo, Franco fue lo que se narra aquí: Franco fue analfabetismo, hambre y oscuridad para las gentes rurales, para demasiadas. Y no hay crítica más demoledora que la que hace este libro, porque no hay nada más triste y doloroso que ver cómo se vivía hace…cincuenta años. Porque esto fue la realidad.

No tengo palabras. La única reflexión que puedo dejar aquí es la pregunta que me hice al terminar el libro: si tuviera que ser algún personaje, ¿cuál sería? Pues yo sería Azarías, sí, yo sería el tonto de la familia, yo sería el bobo que se mea en las manos y que después pela aves, yo sería todo eso porque es el único ajeno y conocedor de la realidad, el único feliz y el único que lucha. Yo sería Azarías, porque al terminar el libro, ya no es el más retrasado.

 

Los cachorros

Filed under: Uncategorized — irene93lengua @ 23:31

Cuéllar es un niño que llega al colegio de Champagnat en tercer curso. Allí hará amistad con Lalo, Choto, Chingolo y Mañuco, será un buen estudiante y deportista, hasta que un accidente rompe su apacible sueño: es atacado por el perro guardián del colegio, Judas, que le castra físicamente. A partir de este momento, pese a los esfuerzos de sus allegados, esta mutilación marcará el resto de su existencia, transformándolo en un adolescente difícil de tratar, que envidia la fácil vida que llevan sus amigos. Este período será el más duro, al rechazar voluntariamente el trato con las mujeres y ver como su único amor se escapa. Desde este momento hasta el final de sus días, volverá el Pichulita indomable, de espíritu alocado y destructivo que acabará sus días en el seco asfalto de una carretera perdida mientras sus compañeros se han convertido en hombres burgueses de provecho.

 

Virilidad perdida, vida frustrada. Así podemos resumir la triste existencia del protagonista. Magnífica la crítica del autor, no se puede olvidar lo que tratamos de mantener olvidado. Especialmente interesante la reflexión sobre lo fácil que resulta la vida a jóvenes despreocupados, con la vida resuelta. Interesantísimo el análisis de la clase media-alta peruana, desde el punto de vista léxico, cultural y social. Excelente título: jóvenes incapaces de completar su madurez, uno por falta de autoestima, los otros por falta de necesidad.

Sobre el estilo, no hay palabras para describir el genio de Vargas Llosa. Asombroso juego de narradores, desde una primera persona del singular; pasando por otra del plural, capaz de introducir al lector en la historia; y llegando a un narrador omnisciente de tercera persona, aséptico que nos acompaña, sobre todo, en el último tramo de la vida del autor, desvinculándonos del protagonista, como si fuéramos parte de esa pandilla olvidada. Vertiginoso juego de estilos directo e indirecto que llaman a ese lector para que se implique en la historia.

Sencillamente, una verdadera obra maestra.