Lengua Castellana y Literatura

Irene García Muñoz

Novelas ejemplares 26 enero 2010

Filed under: Uncategorized — irene93lengua @ 19:13

La fuerza de la sangre.

Una noche de verano, una joven de dieciséis años llamada Leocadia caminaba con sus padres y su hermano pequeño de regreso a su casa cuando se encuentran con un grupo de mozos. Uno de ellos, al que se le llama Rodolfo para proteger su identidad, queda tan prendido ante la belleza de la muchacha que decide secuestrarla. Así lo hace y en ese momento Leocadia se desmaya, cosa que no impide a Rodolfo llevarla a su casa y quitarle la virginidad. En una habitación totalmente oscura, Leocadia se despierta y cuando se da cuenta de la pérdida de su honra quiere morir, la única solución es pedirle a su agresor que lo mantenga en secreto y que la deje volver a su casa. Rodolfo sale para pensarlo y mientras ella descubre la condición de riqueza por el lujo de la estancia, cogiendo un crucifijo de plata para poder quién es su secuestrador. Rodolfo acepta la oferta y ella regresa a su casa.  Poco después descubre que se ha quedado embarazada y Rodolfo parte a Italia. Su hijo es criado en una aldea hasta los cuatro años, cuando lo traen en calidad de sobrino. El niño, llamado Luis, es muy guapo y sufre un grave accidente cuando es atropellado por un caballo. El padre de Rodolfo, viendo en Luis a su hijo, siente tal pena que decide darle todos los cuidados necesarios hasta que sane. La familia de Leocadia se siente muy agradecida y ella reconoce la habitación donde se cura a su hijo como en la que perdió la honra. Decide contarles toda la verdad a los padres de Rodolfo y ellos llaman a su hijo con intención de casarles. Estando en la cena, la madre de Rodolfo llama a Leocadia y este queda impresionado con su belleza, ella comienza a ponerse nerviosa y termina desmayándose. Todos la dan por muerta y Rodolfo la besa desesperadamente cuando se entera que iba a ser su futura esposa. En ese momento ella vuelve a la vida y se celebra la boda, sabiendo Rodolfo ya quién es ella. Los esposos viven felices durante muchos años gracias a la fuerza de la sangre derramada por Luis.

El celoso extremeño.

Felipo de Carrizales es un hombre ya maduro que habiendo gastado todos sus dineros parte hacia las Indias. Años después regresa con una inmensa fortuna, y aunque promete no casarse, debido a lo celoso que es, se enamora de una niña de trece años llamada Leonora. Paga una generosa dote y prácticamente la mantiene cautiva en una casa de la que es imposible salir junto a sus doncellas, criadas y un negro eunuco. Sabiendo todo esto Loaysa, un joven vividor, decide burlar todos los impedimentos del celoso marido y hacer suya a la hermosa Leonora. Durante varias noches, engaña al negro haciéndose pasar por músico hasta que le convence a él y a las criadas para dormir a Carrizales y poder dar un concierto. Así se hace, y Loaysa consigue entrar en la casa habiendo jurado no hacer nada que no le manden. Todos los habitantes de la casa disfrutan del concierto hasta que salta la alarma de que Carrizales está despierto, en ese momento de caos, la dueña Marialonso pacta con Loaysa convencer a Leonora para que pase la noche con él con tal de disfrutarle ella después. Leonora se deja convencer pero no le es infiel a su marido, quedando el mozo y ella dormidos cuando despierta Carrizales y les descubre. Tanto dolor le supone al anciano que manda llamar a Marialonso, Leonora y sus padres para aumentarles la herencia y desear a su mujer la mejor suerte con el mancebo, pues se da cuenta de que es imposible mantener encerrada la voluntad. El anciano fallece y, para mala suerte de Loaysa, Leonora ingresa en un convento, por lo que el vividor queda sin su premio y decide partir a las Indias.

Mi opinión es que estas novelas reflejan muy bien la sociedad de la época, que ya nos queda tan lejos. Aunque ambas novelas pertenecen a la ficción, no dejan de ser un reflejo de la sociedad, costumbres y supersticiones de la época. No me han resultado muy complicadas de entender, por lo que las he disfrutado más.

Lo más interesante para mí son ambos finales, porque más o menos el cuerpo de las novelas es predecible. De la primera destacaría como se entiende en ese momento el significado del título y de la segunda el giro tan inesperado que toma la trama.

 

Las manos del pianista 17 enero 2010

Filed under: Uncategorized — irene93lengua @ 23:00

Martín Ordiales era hombre exitoso, socio de Construcciones Paraíso, una de las constructoras más relevantes en Breda, hasta que una mañana aparece su cadáver estallado contra unos escombros. El miedo late por las venas de un frustrado pianista que aceptó el encargo de acabar con Ordiales y que al final no pudo cumplir su cometido, aún así, se siente culpable y por ello recurre al detective Ricardo Cupido. Este investida hasta recrear una imagen del empresario: odiado, envidiado, rechazado en el amor y con una obsesión por el trabajo donde volcaba todas sus desdichas personales; compartía sus acciones con Miranda, heredera del negocio y negada para ejercerlo; y Muriel, un contable invisible para todos y ahogado por sus deudas y su ludopatía. Una segunda muerte, la de un obrero discapacitado, arroja la pista clave; Cupido encuentra en el lugar del crimen una placa canina en la que está grabado el número de teléfono de Muriel. Junto con el inspector de policía, planean una emboscada en la que Muriel al sentirse atrapado ni siquiera trata de defenderse, se resigna de la misma forma en que ha esperado siempre que la vida le dejara envejecer rápidamente.

Es el segundo libro que leo de Eugenio Fuentes y este me ha gustado bastante más. Me he sentido dentro de la investigación, advertida ya de que el más inocente resulta ser el culpable. Admiro la forma tan impresionante y cuidada de caracterizar a sus personajes, es capaz de describir qué y cómo siente el intrigante pianista y finalizar la novela sin revelar su nombre.

Creo que solo puedo añadir una reflexión sobre el móvil de la novela, ese odio tan humano e incorrecto de culpar a aquel que tiene todo lo que a nosotros nos falta, envidia sin escrúpulos y que no admite eufemismos siempre sacará a luz lo peor de cada uno de nosotros.